domingo, 9 de septiembre de 2012

PERDER UN HIJ@ -HOY; EN HONOR A BLANCA Y A PAMPITA


DE UN CAPÍTULO DE UN LIBRO DEDICADO A ELLAS:

CON EL VIENTRE APUÑALADO:

“Carpintero, haz un féretro pequeño,
 de manera olorosa, se me ha muerto un sueño,
 algo que era entre el pájaro y la rosa”
Conrado Nale Roxlo

-Hay días que  nuestros encuentros se visten de sombra,  y al recibirlas  cuando comienzan  a hablar, mi alma de mujer, de madre y de terapeuta resuenan con su dolor, el sol es en  un instante el  crepúsculo, porque el duelo de las madres que pierden un hijo, por ser una situación en contra del decurso de la vida, posee exclusivos contornos en su acontecer.
La elaboración normal del duelo conduce a la reconstrucción del mundo interno.

Buscan ayuda, y yo   no puedo evitar que ese día sea uno de aquellos en los que  uno  desearía que no existieran en nuestro espacio, no obstante lo sé, que un tiempo más tarde  lograremos vislumbrar  una manera de regenerar los tormentos, y el sol solo será sol, ese será el momento en que nuestra  tarea valió la pena.
Las mujeres décadas atrás, quizás solo años, no nos planteábamos cuando, ni estirábamos el tiempo de nuestro útero, tener hijos era una misión tan natural, era un deseo, tal como reconocer que nuestro árbol podía tener frutos y así lo hacíamos, lo concebíamos , nacía, lo abrigábamos, lo amamantábamos, y lo criábamos.
Asimismo, hace muchos años, que las mujeres desempeñamos nuestros roles profesionales, y la maternidad no era impedimento alguno para lógralo.
Lo que jamás, una madre ,ni un padre se plantea es que la vida de un hijo, acabe, antes que la propia, porque un hijo siempre es comienzo de vida, de etapas  ,de acompañarlos en las fases de crecimiento y maduración que ya nosotros recorrimos, ver como son mejores que sus padres, sentir que al final de la vida, ellos nos trascenderán, y cuando ya nuestros ojos no vean, están los de ellos, sino podemos caminar, ellos lo harán por nosotros, y seguirán mirando el mundo a través de nuestra historia impresa en si mismos, y con su propia mirada.
De no ser así, dar vuelta la copa, y que todo ese deseo, anidado, acunado y acariciado, nos obligue a lo contrario, se convierte perse en la experiencia mas desoladora, que desvasta el alma, el cuerpo y la mente y convierte en un instante nuestro territorio en una estampa yerma, inhóspita, árida, allí donde florecían exuberantes los proyectos, los afanes y las realidades de este pedazo de nuestro vientre.
Cuando ocurre se transita  una etapa de crisis personal generalizada,  que puede afectar la salud, emociones, sentimientos, creencias religiosas, morales o espirituales,  y las relaciones con las personas  y las  actividades cotidianas.
Existen muchos denominadores comunes en el dolor de las madres y los padres en duelo,  aún así, las reacciones individuales pueden variar, se atraviesan las etapas previstas en un duelo, pero cada uno lo hace de la forma que  puede, en los tiempos que puede  y que encuentra que es su camino.
En lo personal, en cada uno de estos encuentros, he comenzado por trasmitirle mi deseo de acompañarlas en el proceso, en principio para que no enfermen, recordando siempre que las emociones ahogadas y amordazas suelen tornarse en  enfermedades psicosomáticas y pensando que el  duelo es una respuesta fisiológica a la vez que emocional. Durante la fase aguda de este, al igual que ocurre en otros acontecimientos estresantes, puede sufrirse una alteración de los ritmos biológicos. El sistema inmune también puede alterarse como consecuencia del proceso: disminuye la proliferación de leucocitos y se deteriora el funcionamiento de las células asesinas naturales. Se desconoce si los cambios inmunológicos son significativos, pero existen.
He tratado siempre de escuchar, de descifrar por que caminos direccionan sus angustias para elaborarlas, conversamos sobre los secretos de universo, aquello que nunca sabremos, he aspirado a convertir cada encuentro en una charla amable, acogedora, un momento para compartir y reflexionar su vivencia dolorosa, sus pensamientos, sus rabias, su impotencia, sus desgarros en un clima de confianza y comprensión. No he marcado rumbos, he escuchado los suyos y al final  y casi invariablemente ellas me han agradecido desde su alma el apoyo, al tiempo que yo me pregunto¿ que hice yo? Si finalmente lo hicieron solas.
Como cada  madre tiene su propia forma para expresar su dolor, no es comparable a la de ninguna otra, la respuesta es individual  y se ven influidas por muchos otros factores como experiencias previas de vida, al momento personal y familiar en el que ocurrió pérdida, las habilidades para sobrellevar dificultades, la personalidad, los recursos internos, las redes familiares y sociales de apoyo entre otros.
Cuando ella llegan yo solo sé  que debemos remendar y zurcir lentamente las heridas de su esencia, del vientre de su muñeca herida, ir desde el reconocimiento  y respeto de su dolor, de sus necesidades y sus limitaciones a fortalecer  los recursos internos que poseen para enfrentar el proceso, respetando sus tiempos, compartir los recuerdos, animarlas a las situaciones que proponen y que intuitivamente saben que les hará bien, escuchar sus sentimientos de culpas, recorrer el peñascoso camino de  aprender a vivir a pesar de la pérdida, recuperar la esperanza y el sentido de vida,” no pedirles nunca que traten de estar bien”, me parece un solicitud que raya en la crueldad, mas que la humanidad, en fin solo ser compañera de viaje .En cada una de estas citas he usado la ciencia cuando ellas me han pedido una explicación.
Y me pregunto:¿Qué mujer-terapeuta se atrevería a concluir que tal o cual forma de encarar un tratamiento, es la correcta, es la “científica” ante tal desgarradora vivencia?
Breviario:


Si  en algún momento  se debe ayudar o acompañar  a una amiga, un familiar, a alguien que ha perdido un hijo, no olvidar que el duelo tiene sus fases, no se pueden adelantar, ni apurar, dejar que cuando sienta culpa por no haber dicho lo que tenía que decir y lo que no pudo decir,  lo haga, porque ello forma parte de la vida, nadie esta imaginando ,ni mirando a  alguien pensando que mañana no estará, si expresa rabia, bronca y dolor, está tendrá mayor o menor ímpetu o moderación según el septenio que la persona atraviese, a los treinta, las emociones son apasionadas, a los cincuenta son moderadas, obviar  decir palabras que están instaladas comunmente en la sociedad “Tenés que ponerte bien, porque te necesitan”, el o ell@ está bien donde está; “no era para este mundo”, y tantas otras que están aprendidas socialmente. Y que se puede decir? Más que decir, escuchar, no imponer ni intentar que muestre estados afectivos o anímicos que sería imposible lograrlos.
No aspirar a  disuadir si necesita aislarse, respetar estos tiempos, cuidando que cumpla con sus necesidades básicas, expresar la intención de poder acompañar , no proponer nuestros creencias sobre  que cosa es mejor que tal otra.
En suma, acompañar es  estar, acompañar no es coser uno la herida, sino solo ayudarla a enhebrar la aguja si ella no lo pudiese hacer.
EN HONOR A ELLAS:
Y en honor y consideración todas la madres que entierran a sus hijos, vaya mi más profundo agradecimiento por enseñarme con valor , que el peor de los sufrimientos , aquél que mi abuela describía “hija es una cruz tan pesada que no puede arrastrarse sobre la espalda”,puede transformarse en una experiencia al final, creativa, de otra forma de vida.